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Omar Zeballos: «Me dedico a lo que me gusta, contar historias»

Omar Zevallos Velarde es un reconocido caricaturista y periodista arequipeño con más de 40 años de experiencia. En los últimos 15 años ha dedicado mucho tiempo a la investigación periodística y a escribir crónicas. 

En noviembre se presentó en el Hay Festival, para luego acceder a una entrevista con Pancarta.pe. El caricaturista nos habla sobre su trabajo, la evolución del humor, los procesos creativos, el impacto social y la esencia misma de las caricaturas.

Existe una línea muy fina entre el humor y la burla ¿Cómo se adecúan las nuevas caricaturas a nuestro contexto actual?

Es una discusión que ya está siendo borrada de diferentes foros cuando se analiza el humor; porque este tiene que ir cambiando. Estamos viviendo tiempos de virtualidad, tiempos en los que las redes sociales tienen ahora muchísimo poder y, además, en la decadencia de los medios tradicionales. 

Bajo ese contexto, el humor está sufriendo también una transformación, pero para bien y para mal. Porque, en efecto, han surgido también los memes (que son absolutamente despiadados, con un humor negro o insultante). Pero eso es parte del humor popular, siempre existió, y ahí hay que hacer la diferenciación entre el humor hecho por un humorista o un caricaturista -que sabe usarlo como una herramienta y no como un arma- con lo que pasa normalmente en las redes sociales, eso siempre ha existido.

Pero creo que en el fondo lo que está tratando de cambiarse, analizarse y estudiarse es que el humor ya no es el mismo. Por ejemplo, el humor machista o el que está contra las minorías es algo que ya tiene que ir desapareciendo, porque las nuevas sociedades están cambiando. Esto tiene que ver con la evolución de la sociedad. A medida que aprendamos a reírnos primero de nosotros mismos, aprenderemos a asumir el humor como parte de nuestra vida diaria. Creo que eso es parte de la discusión que se está dando, pero hay que abordarlo de todas maneras.

¿Disfrazas ataques en el humor?

Creo que tiene que ver un poco más con lo que consumimos. Y ahí entramos a la vieja discusión de que “eso es lo que le gusta a la gente”. (…)Si hablamos de un buen humor, uno inteligente, probablemente la gente empiece a cosumirlo mejor. Pero si le das un humor chabacano, que lo vemos en la televisión a diario, y nos reímos de los chistosos en la calle que hacen humor machista, contra los homosexuales,  contra las mujeres, etc., por supuesto que seguiremos siendo una sociedad que se muerde la cola. 

Creo que tenemos que propender a evolucionar. En la medida que aprendamos a reírnos de nosotros mismos, entenderemos cuál es el varadero nivel del humor.

Foto: Jeannie Hernani

Ahondando un poco en las caricaturas, ¿cómo transforma un hecho o acontecimiento en una caricatura? ¿Cuál es el proceso?

Tiene que ver con el oficio, con lo que uno aprende a hacer a lo largo de su vida. Nosotros aprendemos a leer entre líneas, a analizar la situación política, la coyuntura para saber que es lo que podríamos descubrir de nuevo para saber lo que está pasando.

La caricatura tiene como fin cuestionar al poder, sea cual fuera. Es verdad que uno puede y debe tener una posición política; pero cuando hace humor político, cuando hace una caricatura política, apunta a desnudar al poder y dejarlo en evidencia. (…)Lo que podrías describir en el editorial de una página, podrías demostrarlo en una sola caricatura. Ahí está el valor de eso.

Respecto a los públicos, ¿cómo logra sintetizar un mensaje para todos ellos?

El humor es universal, en efecto. No creo que hay que hacer humor para niños o para adultos, es verdad que sí se hace. Por ejemplo Liniers -dibujante argentino- dice “yo no estoy pensando al público al que me quiero dirigir, yo hago lo que me gusta. Y si lo que me gusta, le gusta a los adultos y a los chicos, entonces gané”. Creo que uno debe ser honesto consigo mismo, hacer lo que a nosotros nos gusta. 

Además porque, a veces menospreciamos la capacidad de entendimiento que tienen los niños, y ellos tienen un pensamiento abstracto que un adulto no entiende. (…)No importa el tipo de humor que hagas porque no tienes que pensar en el publico, tienes que pensar en lo que tú honestamente quieres hacer. Si lo entienden los niños y los adultos, entonces genial.

¿Cree que existe la censura? ¿Es cierto que es un “elogio”?

Claro, te das cuenta que esa es la prueba de que has dado en el blanco y que ha causado el efecto que tu querías. Porque tú haces una caricatura para cuestionar una situación, una política determinada. Y si esa caricatura ha logrado una respuesta exagerada de parte de las “víctimas”, entonces te das cuenta que has hecho lo que querías hacer. Y eso es una medalla para un humorista. No buscamos necesariamente eso, pero si buscamos una circunstancia para que el lector entienda desde otro punto de vista lo que está pasando. 

Respecto a los mensajes políticos, sociales u otros, ¿los públicos actuales los reciben como lo hacían anteriormente?

Creo que eso no ha cambiado. Los distintos humoristas utilizan herramientas como los personajes para enviar mensajes o generar una situación. El caso de Mafalda, por ejemplo, siempre se ha dicho que era una tira para adultos; sin embargo, los niños la siguen leyendo. Las nuevas generaciones siguen leyendo Mafalda aunque no sepan quien fue Fidel Castro. Creo que, en esencia, lo que cuenta Quino es lo que pasa en una sociedad. No importa en que momento lo haya hecho, pero te das cuenta que la historia se repite. Hay muchas cosas que no cambian. Hay un mensaje y una crítica política a partir de lo que vive una familia. Pero es una herramienta para decir lo que quieras con lo que está pasando en ese momento. 

Omar Zevallos
Foto: Jeannie Hernani

¿Cómo asimiló el cambio de la ilustración tradicional a la ilustración digital?

Es un proceso complicado. Yo sigo dibujando en papel, me gusta la textura, el olor de la acuarela, me gusta como queda; pero existen herramientas digitales que hacen exactamente lo mismo y quizás mejor. (…)Yo no soy un nativo digital, porque no nací en esa época, pero entiendo y lo asumo. Creo que es una herramienta más, así como cuando apareció el grafito, la acuarela y la témpera; son herramientas que uno debe utilizar para aprender a través de ellas. Yo tuve que aprender.

¿Siente que se ha perdido la esencia del mensaje de las caricaturas con el paso del tiempo?

No, creo que no ha cambiado porque tiene que ver con la creatividad, y la creatividad es inherente al ser humano. Los caricaturistas son diferentes unos de otros. Y por eso la gente te sigue, y a veces es más evidente. Te pueden seguir diez personas que les gustó y le dan 10 ‘likes’ o te puedes tener 200 mil seguidores. Entonces, todo depende de como has conectado con tus lectores, si has sido lo suficientemente creativo para capturar la atención de esa persona X que no conoces.

Considerando la creatividad como eje de la creación de caricaturas, ¿cómo enfrenta los “bloqueos” en su creación?

Tiene que ver con el estado de ánimo. Alguien decía “no puedes ser genio todos los días de tu vida”; más bien, muy pocas veces eres genio. [risas].

Tiene que ver con el hábito, con el hecho de ya tener experiencia, de recursos que puedes utilizar para salir de un apuro como ese, el síndrome de la página en blanco. Si tienes que hacer una caricatura para publicar al día siguiente y no se te ocurre absolutamente nada, la gente dice ‘¿Pero cómo haces? ¿Viene la inspiración y es algo que te ilumina desde el cielo y ya?’ No es verdad, no existe, eso es puro cuento. En realidad es el ejercicio diario de buscar herramientas, recursos para saber como hacerlo.

¿Alguna vez usted vivió esta experiencia?

A mi me ha pasado muchas veces. Les pasa a todos los caricaturistas. A veces te da la sensación de copiarte a ti mismo y hacer algo que hiciste antes para solucionar el problema, pero esto resulta interesante. Recuerdo una vez que no se me ocurria nada, estaba en blanco. Ya eran las seis de la tarde y tenía que entregarla para el cierre, entonces dije ¿qué hago? Y leí una noticia que decía que el pollo había subido de precio, entonces se me ocurrió un pollo pelado, volando por las nubes y que una señora -con una red de mariposas- persiga al pollo para atraparlo. 

Y para evitar o superar estos bloqueos, ¿cómo nutre su imaginación?

Tiene que ver con la formación, y hago mucha incidencia en las lecturas. Creo que un caricaturista, o cualquier persona que ejerce un oficio creativo, tiene que ser una persona muy formada. Escuchar buena música, buen cine y buenos libros. Creo que eso te da un respaldo importante para entender el mundo desde una perspectiva distinta, y eso te da cierta ventaja.

Anteriormente mencionó que su padre no quería que se dedique al arte y las caricaturas ¿Qué le diría el Omar de hoy a ese Omar joven?

Le diría que no tuvo que escuchar a sus padres sino haber hecho lo que le da la gana [risas]. Porque a veces sufrimos la presión social que dice que si el padre es médico pues el hijo también tiene que ser médico. Liniers estudió abogacía, y no es eso lo que le gustaba. Uno tiene que obedecer a sus instintos, a lo que realmente quiere. Si hay algo que te apasiona, eso tienes que hacer. 

Entonces, ¿Otra de sus pasiones también es el periodismo?

Yo descubrí el periodismo cuando entré a una redacción, haciendo caricatura política para el diario Correo en Lima, y ahí estudié periodismo. Para mí el periodismo es apasionante. Hacer periodismo diario es como subir una montaña todos los días, bajas y al día siguiente tienes que volver a subir. Y llegó un momento en el que dije ‘renuncio a todo’ y decidí ser mi propio jefe. Ahí empecé a escribir crónicas, que es lo que me apasiona. Puedo investigar el tiempo que yo quiera, viajar, y hacer lo que me gusta: escribir, contar historias.

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